Lá em Berlim - por Elena Cárdenas

Lá em Berlim - por Elena Cárdenas

¡Ya ha pasado un mes desde que llegué a Berlín! Un nuevo país, una nueva ciudad, y un nuevo lugar en el que empezar, como la canción de White Denim A Place to Start.

Estas primeras semanas han sido muy tranquilas, tras el estrés y el trabajo que supone un traslado internacional, es importante tomar un tiempo para volver a la normalidad, que todas las energías se equilibren y así poder estar al 100% para explorar el nuevo destino.

En este tiempo he estado tomando contacto con la ciudad, teniendo en cuenta que Berlín tiene un tamaño de 800m2 y casi tres millones y medio de habitantes (¡casi el doble que Barcelona!), por más que me recorra la ciudad todavía es pronto para conocerla al 100%.

Cartel bomberos barrio de Kreuzberg

Aunque es una ciudad inmersa, es relativamente fácil moverse en transporte público: autobuses, tranvía, metro, ferrocarriles y trenes recorren y conectan toda la ciudad. Eso sí, hay que tener cuidado con las distancias, los primeros días me sentí muy valiente viendo que ciertas cosas solo estaban a un par de parada de metro. Eso en Madrid pueden ser 15 min, en Barcelona quizás unos 20, pero aquí pueden ser 45 minutos de caminata, por lo que para aquellos que vengan que preparen calzado cómodo.

Aunque el idioma es un handicap (todavía no hablo alemán), en general la gente es muy amable y aunque el nivel de inglés no es muy alto, es relativamente fácil comunicarse en caso de necesitar ayuda para ir a algún sitio, o hacer alguna consulta. Ahora que voy entendiendo algunas palabras y el carácter alemán, he de decir que son muy educados, para cualquier cosa que se pida siempre dicen por favor (bite en alemán), es algo que echaba de menos. En general cada vez cuesta más ver o escuchar estas cosas, parece que todos tengamos demasiada prisa como para pedir las cosas de forma educada.

Estación de metro



Los primeros días al escuchar alemán en la calle podía llegar a casa con dolor de cabeza y tenía la impresión de estar viviendo en otro planeta, al ser un idioma sin raíces latinas resulta casi imposible entender una sola palabra. Por suerte como en todo proceso de aprendizaje poco a poco el idioma “marciano” ha pasado a ser un reto, y por suerte ya no me produce dolor de cabeza. 

Para poder integrarme y ser independiente he de aprender alemán, así que hace unos días estuve buscando información sobre las posibilidades de estudio. Una es ir a cualquier academia de idiomas y apuntarme a los cursos que tengan, en comparación con otros países no son excesivamente caros (unos 120-150€/mes), sin embargo el gobierno alemán cuenta con ayudas para ciudadanos de la UE y recién llegados que no conozcan el idioma, se trata de cursos de integración en los que se imparten unas 80 horas de información general de la cultura, legislación y sociedad alemana, y luego son cursos de alemán en bloques de 100 horas.

Graffiti en el barrio de Kreuzberg

Para poder optar a estos cursos es necesario aplicar mediante formularios oficiales y esperar la respuesta del gobierno, y aquí empieza la burocracia alemana. De 4 a 8 semanas para recibir contestación, un tiempo bastante considerable la verdad. Aún así vale la pena la espera ya que son cursos intensivos, por lo que en caso de que finalmente consiga la plaza podré estudiar 5 horas diarias de alemán por un precio muy razonable. Y aunque se trate de un idioma complejo, 5 horas diarias seguro que me ayudan a conseguir un nivel aceptable en poco tiempo. ¡Eso espero!

A parte de las cuestiones formales que ya iré explicando, sigo descubriendo muchas cosas en mis paseos, nuevos barrios, galerías de arte, tiendas, parques, restaurantes, cafeterías, se que me repito pero hay todo un mundo por descubrir en esta ciudad.

Sigo fascinada con los contrastes de la ciudad, una ciudad que sufrió en especial en la segunda guerra mundial, que todavía tiene el recuerdo muy presente, pero que lucha por abrirse paso y avanzar aprendiendo de todo lo sucedido. Y aunque lo hace de forma aparentemente silenciosa, el arte callejero muestra ese cambio y esa apertura de mente de forma extraordinaria.

Elena Cárdenas, diseñadora, comunicadora y escritora vocacional.
Es española de Barcelona, y actualmente vive en Berlín.

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